La Casa de los Leones y una intrigante historia dramática

La Casa de los Leones y una intrigante historia dramática

Se trata de uno de los mitos urbanos más difundidos de la ciudad. Sin embargo, pese a ser una de las casonas más importantes y antiguas de Barracas, pocos conocen en profundidad el misterio que gira en torno al Palacio de Díaz Vélez, apodado la Casa de los Leones.

Un dueño y una mansión muy peculiar

Situada en una de las calles principales de la zona –la avenida Montes de Oca, ruta de paso obligado para los comerciantes que se dirigían hacia el puerto– y en las proximidades a la ex Casa Cuna y el Hospital de Niños Pedro Elizalde, la Casa de los Leones se ubica en un barrio cargado de tradición y sede de otras tantísimas historias trágicas, como la de Felicitas Guerrero y la iglesia construida en su honor.

Cuenta la leyenda que en el siglo XX la Casa de los Leones fue propiedad del adinerado Eustoquio Díaz Vélez, el hijo menor del general Eustoquio Antonio Díaz Vélez, quien desempeñó un rol clave en la historia argentina al formar parte de las Invasiones Inglesas y la Revolución de Mayo.

 

La Casa de los Leones es una de las casonas más antiguas del barrio porteño de Barracas.
Así luce por fuera el Palacio Díaz Vélez, o la llamada Casa de los Leones, en la actualidad.

 

Por su supuesto interés en los leones, se cree que Díaz Vélez hijo mandó a decorar la casa y su gran parque con estatuas y figuras de estos felinos. Pero, al parecer, la decisión no lo contentó del todo y sus deseos fueron más allá. Dicen las malas lenguas que este hombre de familia de buen pasar trajo de Europa tres ejemplares para tenerlos como mascotas y para que, de paso, ayudaran a cuidar la mansión, motivo por el cual permanecían enjaulados durante el día y eran soltados por las noches.

 

Eustoquio Díaz Vélez mandó a erigir estatuas con figuras de felinos para decorar su casa y jardín.
Eustoquio Díaz Vélez mandó a erigir estatuas con figuras de felinos para decorar su casa y jardín.

Un triste desenlace

Se comenta que tiempo después, en la fiesta de celebración de compromiso de la hija de Díaz Vélez, un león fue dejado en libertad por error y devoró al pretendiente. Afirman también que el dueño de casa tomó represalias y con una escopeta le quitó la vida al animal. La familia del pretendiente –también de buena posición económica y amiga de los Díaz Vélez– descargó su ira con Eustoquio, al igual que la joven, quien terminó suicidándose por no tolerar la angustia luego de la tragedia. La leyenda sostiene que la chica decidió ponerle fin a su vida ingiriendo un mix de licor de anís y una pastilla de cianuro, y que Eustoquio sufrió de una aguda depresión tras su fallecimiento.

Dicen que a pesar de deshacerse de las criaturas salvajes, Díaz Vélez  mantuvo intacta su pasión por los leones y por eso mandó a construir más estatuas. Una de ellas muestra a un león luchando con un hombre, lo que condujo a muchos a trazar una estrecha similitud con la tragedia.

 

Muchos creen que la estatua hace alusión a la tragedia acontecida en La Casa de los Leones.
Muchos creen que la estatua hace alusión a la tragedia acontecida en La Casa de los Leones.

 

Aunque ciertas personas que dicen ser descendientes directos de la familia desmienten lo aparentemente sucedido, así como también aseguran que Díaz Vélez tuvo solo dos hijos varones llamados Carlos Segundo y Eugenio Cristóbal –quienes permanecieron en la residencia luego del fallecimiento de su progenitor–, lo cierto es que hasta ahora nadie pudo comprobar a ciencia cierta su autenticidad o falsedad. Muchos vecinos de Barracas aseguran haber oído más de una vez misteriosos gritos y sollozos, los cuales se los adjudican a los espíritus de los novios que, de acuerdo a ellos, aún deambulan por la Casa de los Leones. Asimismo, piden que la casona sea declarada monumento histórico nacional y que sea conservada como patrimonio arquitectónico cultural.

Hoy, en esta mansión de estilo francés y gran jardín, funciona la Fundación para Vivienda y Trabajo del Lisiado Grave (VITRA), escuela primaria y secundaria para discapacitados motrices.



Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *